900 presos fugados.

Tropas internacionales y afganas buscan a los casi 900 prisioneros que fueron liberados en la noche del viernes en un asalto por un grupo de 80 insurgentes talibanes a la cárcel principal de Kandahar, uno de los bastiones de los talibanes, en el conflictivo sur de Afganistán.

Durante el asalto talibán se produjo un tiroteo en el que murieron nueve policías, siete prisioneros y un civil, según el jefe del consejo provincial de Kandahar, Ahmad Wali Karzai, hermano del presidente del país, Hamid Karzai.

Policía y Ejército afganos llevan a cabo desde entonces redadas en la ciudad de Kandahar, en donde las autoridades han declarado el estado de excepción.

Al despliegue de las fuerzas afganas se suma el de las tropas internacionales presentes en la región, que lanzaron una operación para tratar de detener a los prisioneros fugados.

Tanto Kandahar como la vecina provincia de Helmand son dos regiones donde la insurgencia talibán ha logrado hacerse fuerte. La primera constituye uno de los principales puntos de la ruta del opio, esencial en la financiación de las actividades de los insurgentes.

Otras regiones del país son también escenario habitual de enfrentamientos, como en la provincia occidental de Fará, donde al menos cuatro soldados estadounidenses murieron ayer en una operación militar contra los insurgentes. Los militares murieron al estallar un artefacto explosivo durante la ofensiva, según la comandancia estadounidense. El auge de la violencia hizo que la OTAN incorporase a más de 17.000 soldados en el último año. La mitad de los 53.000 militares de la fuerza multinacional son de EEUU, que cuenta además con otros 12.000 soldados bajo mando propio.

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