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Afganistán: una guerra “subcontratada”.

5 Diciembre 2009

Un detalle que quedó por fuera del discurso del presidente de Estados Unidos Barack Obama cuando anunció su nueva estrategia para la guerra en Afganistán fue la cantidad de contratistas independientes que ya operan en ese país.

En la actualidad hay 104.000 contratistas militares apoyando la misión de las tropas estadounidenses. La cifra se conoce por que una ley promulgada por Obama produjo un sitio gubernamental en internet donde se publican datos sobre lo que invierte Washington en estos contratistas.

Según analistas, esta cifra sin duda va aumentar a medida que lleguen los 30.000 soldados anunciados para el año entrante dentro del plan de intensificación de la guerra ne Afganistán.

Gran parte del trabajo contratado a estas empresas independientes cubren labores de reconstrucción y construcción de infraestructura, como carreteras, escuelas, campamentos.

Los contratistas también asisten en el mantenimiento del ejército; sirven las comidas a los soldados, transportan municiones, proveen seguridad para el embajador de EE.UU. en Kabul y apoyan el entrenamiento a unidades de policía afgana.

Contratistas y subcontratistas.

Esto es lo que salta a la vista. Pero un ex asesor de la OTAN en Afganistán afirma que hay todo un nivel de subcontratistas y operaciones que llevan a cabo labores que escapan una simple auditoría.

Robert Young Pelton, que también es autor de un libro sobre los contratistas en la guerra contra el terrorismo, dice que existe un inmenso mecanismo de apoyo para labores de inteligencia y apoyo a las tropas que no se publica.

“También está, naturalmente, la guerra secreta de la CIA en Pakistán, donde utilizan sus propios contratistas para trabajos de inteligencia y realizar sus propios ataques”, aseguró Young Pelton en un programa de la BBC.

Hace unos meses, el diario The New York Times afirmó en un artículo que el servicio de inteligencia de EE.UU. había contratado a la firma Blackwater para localizar y asesinar líderes del grupo extremista al-Qaeda.

Blackwater -integrado casi en su mayoría por ex militares- recibió amplias comisiones para trabajar en la guerra en Irak, pero en varias ocasiones fue acusado de violaciones del código de guerra e implicado en la muerte de civiles. Desde entonces cambió su nombre a Xe.

El diario dice que la CIA no firmó un contrato formal con Blackwater, un sistema que parece repetirse con otros trabajos y acuerdos.

Este tipo de negocio hace muy complicada la fiscalización de las actividades y los millones de dólares invertidos en Afganistán, comentó a la BBC la analista del Middlebury College, Allison Stanger.

“Los contratistas principales se conocen. Si embargo, la mayoría del trabajo se subcontrata y una vez llega a ese nivel se empantana y toda la información está envuelta en una nube de secretos”, expresó.

Para el colmo de cosas, dice Stanger, los inspectores generales del Pentágono que deben llevar a cabo la veeduría de todo el costo de la guerra también están subcontratados.

Entre las consecuencias que genera este sistema están el desperdicio de fondos y la dificultad de asignar responsabilidades en caso de excesos y violaciones al derecho internacional.

Mucha de la corrupción está exacerbada por la cantidad de dinero que se ha vertido en los últimos ocho años (…) para cuando las cosas llegan a su destino ya han pasado por muchas manos

Como muchos de los subcontratistas son afganos, la situación alimenta la corrupción en ese país.

En declaraciones a la Comisión de Relaciones Exteriores del Congreso de EE.UU., la secretaria de Estado Hillary Clinton declaró que la “tercerización” a los afganos era positiva porque los involucraba, pero también presentaba sus complicaciones.

“Mucha de la corrupción está exacerbada por la cantidad de dinero que se ha vertido en los últimos ocho años. Estamos tan dependientes de una larga línea de abasteciemiento donde todo se importa (…) que, para cuando las cosas llegan a su destino ya han pasado por muchas manos”, expresó Clinton.

La situación es mucho más complicada que eso, asegura Robert Young Pelton.

“A un intérprete se le pagan US$930 diarios para que trabaje al lado de un contratista que cobra US$1.200 diarios. Cuando a los afganos se les acusa de corrupción ellos se dan la vuelta y le dicen a EE.UU. que se están robando todo el dinero antes de que les llegue a ellos”, señala.

“No se trata de gente sacándose su tajada aquí o allá. Es la ridícula idea de contratar a personas por US$150.000 anuales para supervisar a gente que se gana US$400 al mes.”

Ocho años de guerra en Afganistán.

8 Octubre 2009

El octavo aniversario de la invasión de Afganistán sirvió ayer para ilustrar cómo una guerra que él mismo calificó como necesaria está poniendo a prueba al presidente Obama como comandante en jefe de Estados Unidos. Ante el trascendental dilema de enviar todavía más tropas para contener a un enemigo que sobre el terreno ha logrado tomar la iniciativa, el presidente ha optado por una profunda revisión estratégica del conflicto que hasta la fecha se ha cobrado la vida de 869 militares del Pentágono y otros 577 soldados aliados.

Con una decisión esperada para finales de octubre, toda la plana mayor de seguridad nacional se volvió a reunir ayer en la «Situation Room» de la Casa Blanca, el famoso puesto de mando multimedia para crisis. Con otra cita adicional prevista para este viernes. En un frente más político, Obama también recibió el martes a la cúpula del Congreso para abordar la cuestión de Afganistán y sus implicaciones presupuestarias. Encuentro en el que los republicanos fueron más explícitos a la hora de respaldar adicionales sacrificios militares.

De acuerdo a las abundantes filtraciones sobre la reunión del presidente con treinta destacados parlamentarios de ambos partidos, Obama se habría declarado partidario de una opción intermedia. Con un explícito rechazo a recortar sustancialmente el contingente militar de EE.UU. en Afganistán, que él mismo reforzó el pasado febrero hasta los 68.000 soldados. Y sin disposición tampoco a que los esfuerzos en el teatro de operaciones afgano se reduzcan exclusivamente a misiones antiterroristas.

Estas indicaciones de Barack Obama han reforzado las especulaciones sobre una decisión que podría incluir más tropas del Pentágono en territorio afgano. Pero sin llegar en ningún caso hasta los 40.000 efectivos adicionales sugeridos por el general McChrystal, principal responsable militar en Afganistán. Si la Casa Blanca opta por enviar entre 10.000 y 15.000 tropas de refuerzo, su misión se concentraría en la formación de fuerzas de seguridad locales.

Este despliegue se vería acompañado por un aumento de la campaña en curso contra Al Qaida y los talibanes dentro de Pakistán. En una visita realizada esta semana al Centro Nacional de Contraterrorismo, Obama reiteró su prioridad de luchar contra Al Qaida «donde quiera que echen raíces». Según el presidente, «estamos desarrollando la capacidad y la cooperación para negar santuarios a cualquiera que amenace a Estados Unidos y sus aliados».

En un comentado discurso pronunciado la semana pasada en Londres, el general McChrystal indicó que a su juicio una opción intermedia no serviría de mucho para cambiar el «status quo» en Afganistán. Pronunciamiento público que ha molestado en la Casa Blanca y que ha llevado a que el secretario de Defensa, Robert Gates, recalque la necesidad de discreción a todos los participantes en el debate afgano.

El fraude electoral de Karzai.

Dentro de esta complicada disyuntiva para la Casa Blanca también se está dejando notar el creciente escándalo sobre un masivo fraude electoral en la reelección de Hamid Karzai al frente del precario gobierno de Kabul.

Sospechosas cifras de participación en los disputados comicios presidenciales celebrados en el pasado mes de agosto están dando fuerza a las acusaciones de un desmoralizador «pucherazo» en Afganistán. Ya que de acuerdo a datos confidenciales de la ONU divulgados ayer por el «Washington Post», en algunas provincias afganas las papeletas contabilizadas superarían en 100.000 o más al número anticipado de votantes.

Dentro de estos nuevos indicios sobre sustanciales prácticas fraudulentas, en la cita electoral de agosto se registraron en la provincia sureña de Helmand un total 134.804 sufragios, de los cuales 112.873 fueron a favor del presidente Karzai. Sin embargo, las propias estimaciones de participación elaboradas por la ONU únicamente anticipaban entre 5.000 y 38.000 votantes.

Abordan guerra afgana en Londres.

29 Septiembre 2009

Londres recibirá esta semana a un trío de comandantes militares y altos funcionarios que trabajan en Afganistán, mientras aumenta la presión sobre el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, para decidir sobre una nueva estrategia en el conflicto que ya lleva ocho años.

El general Stanley McChrystal, comandante de las fuerzas estadounidenses y de la OTAN en Afganistán, se encuentra en Londres aparentemente para dar un discurso a expertos militares.

Sin embargo, su visita coincide con la presencia del secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, y el máximo comandante de la alianza en Europa, almirante James Stavridis.

Funcionarios de la Organización del Tratado del Atlántico Norte y el Ministerio de Defensa británico restaron importancia al hecho de que los tres líderes se encontrarán en Londres durante el jueves y viernes, calificando la situación como una coincidencia.

Las visitas y discursos ocurrirán en un momento crítico para las políticas y planificación sobre Afganistán, mientras Obama evalúa una petición de soldados adicionales presentada por McChrystal y las potencias europeas buscan cambiar su rol estratégico.

Gran Bretaña, que recientemente designó a un nuevo comandante del Ejército, es el mayor contribuyente a la coalición en Afganistán después de Estados Unidos, con 9.000 soldados.

Pero la opinión pública es contraria a la guerra y el Gobierno está reacio a enviar más fuerzas, en medio de un aumento de la cifra de muertos y una elección programada para junio.

McChrystal, quien dará un discurso el jueves en el Instituto Internacional para Estudios Estratégicos, presentó un plan al presidente Obama, en el que pide de 30.000 a 40.000 soldados de combate adicionales y entrenadores, de acuerdo a funcionarios de defensa y del Congreso estadounidense.

McChyrstal ha dicho que sin ese aumento la guerra, iniciada tras los ataques del 11 de septiembre del 2001 contra Al Qaeda y los talibanes, podría fracasar.

30 civiles muertos en Afganistán.

29 Septiembre 2009

Una bomba ubicada junto a un camino que detonó el martes en el sur de Afganistán causó la muerte de 30 civiles, entre ellos 10 niños y siete mujeres, informó el Ministerio de Interior.

Al menos otras 39 personas resultaron heridas cuando la bomba impactó a un bus en el distrito de Maiwand, en las afueras de la sureña ciudad de Kandahar, precisó el ministerio a través de un comunicado.

El portavoz del Gobierno provincial Zalmai Ayoubi indicó que la bomba explotó en una autopista en donde un estallido similar provocó la muerte de tres civiles el día anterior y responsabilizó a los talibanes por el ataque.

Las bombas de fabricación casera se han vuelto el arma más mortífera usada por insurgentes que luchan contra fuerzas occidentales y del Gobierno afgano, y los civiles suelen ser víctimas de los ataques.

Reuters no pudo contactar inmediatamente a los talibanes para obtener comentarios, pero los milicianos usualmente se distancian de las explosiones que provocan víctimas civiles.

En un ataque con bomba separado, una mujer murió y otra resultó herida en el distrito de Spinghar en el este de Afganistán.

Los talibanes, que fueron derrocados por una invasión liderada por Estados Unidos en el 2001, utilizan mayormente bombas al costado del camino y ataques suicidas en su campaña contra las fuerzas extranjeras y de Afganistán.

Más de 1.500 civiles han muerto como consecuencia de la violencia en Afganistán en lo que va del año, informó la semana pasada Naciones Unidas.

La ONU dijo que un 68 por ciento de las muertes civiles es resultado de ataques milicianos, mientras que un 23 por ciento fue causada por la acción de tropas afganas y extranjeras encabezadas por la OTAN y el Ejército de Estados Unidos.

EE.UU. pide más ayuda a la OTAN.

19 Febrero 2009

Estados Unidos pidió a sus aliados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) que aumenten el número de soldados en Afganistán para combatir al Talibán.

Los comentarios fueron expresados por el secretario de Defensa de EE.UU., Robert Gates, en antelación a la cumbre de la OTAN de este jueves en Polonia.

Mientras, el comandante en jefe de las fuerzas estadounidenses en Afganistán predijo que el próximo año será “duro”.

El general David McKiernan habló poco después de que el presidente estadounidense, Barack Obama, autorizara el despliegue de 17.000 soldados adicionales en Afganistán.

Obama dijo que las tropas adicionales estaban destinadas inicialmente a Irak, pero que fueron redistribuidas para “cumplir con las urgentes necesidades de seguridad”.

La medida aumentará el número de efectivos estadounidenses en Afganistán a más de 50.000.

“Serias preguntas”

“El gobierno (de EE.UU.) está preparado (…) para asumir mayores compromisos en Afganistán, pero claro que tiene expectativas de que los aliados también lo harán”, dijo Gates.

Agregó que Washington tiene especial interés en que sus aliados aporten mayor número de tropas antes de que se celebren las elecciones presidenciales afganas de agosto y que “hasta ahora la respuesta ha sido decepcionante”.

La medida del presidente Obama de enviar más soldados a Afganistán ha aumentado la presión sobre otros aliados para que contribuyan con mayor número de fuerzas de combate y asistencia civil para ayudar a estabilizar el país, indicó desde Cracovia la corresponsal de defensa de la BBC, Caroline Wyatt.

También plantea serias preguntas sobre la resolución y voluntad política de algunos miembros de la OTAN, agregó la corresponsal.

Wyatt destacó que también se espera que Gran Bretaña incremente esa presión sobre varios aliados de Europa Occidental para que lleven sobre sus hombros una parte de la carga.

El Reino Unido es el segundo mayor contribuyente a la misión de la OTAN, con más de 8.000 efectivos desplazados hacia Afganistán.

Son muy pocos los que parecen tener la voluntad de ofrecer más botas en el terreno, a pesar de la buena voluntad que muestran hacia el nuevo liderazgo estadounidense, añadió Wyatt.

La corresponsal señaló que al menos, la OTAN espera que otras naciones prometan aportar más recursos financieros, equipos y ayuda desde el lado civil en los días previos a los comicios afganos.