EEUU desenmascara a sus mercenarios en Iraq.

Mapa de Irak.Erik Prince conserva el aspecto marcial de los cinco años que pasó en la Navy con los comandos de operaciones especiales. El multimillonario fundador y presidente de Blackwater USA, de 38 años, se zafó ayer como pudo del duro interrogatorio al que le sometieron los demócratas en un comité del Congreso. Su compañía, paradigma de los modernos mercenarios en unas guerras cada vez más privatizadas, quedó en evidencia por la impunidad con que actúa en Iraq.

La comparecencia de Prince se vio precedida por la revelación de varios informes muy comprometedores sobre la actividad de los ram bos de Blackwater, conocidos por su gatillo fácil. Se trata de ex miembros del ejército, la mayoría con experiencia en combate y dispuestos a ganar el dinero que no pudieron obtener cuando vestían uniforme. De eso, precisamente, se quejó con amargura la congresista demócrata Carolyn Maloney, de Nueva York. De familia militar, sugirió que es una inmoralidad que los pistoleros de Blackwater ganen hasta seis veces más que quienes sirven en el ejército.

El escrutinio a Blackwater, bajo sospecha desde hace tiempo, se precipitó después del incidente del pasado 16 de septiembre. Los mercenarios abrieron fuego para proteger un convoy del Departamento de Estado en Bagdad, con el resultado de once iraquíes muertos. Las autoridades iraquíes, indignadas, anunciaron que a Blackwater se le retiraba la licencia para operar en el país. Luego eso no se cumplió. Quedó claro así que Bagdad carece de soberanía real para tomar una decisión tan drástica contra los intereses norteamericanos.

La investigación del Congreso dio cuenta de centenares de episodios violentos con Blackwater como protagonista. Con demasiada frecuencia fueron los mercenarios quienes dispararon primero, hubo civiles inocentes muertos, desatención a las víctimas e intento de tapar los hechos. La compañía hubo de despedir a 122 empleados por conducta irresponsable con las armas, consumo de droga o alcohol, comportamiento violento y otras faltas graves.

Prince defendió la profesionalidad de sus hombres y puso énfasis en que ni una sola de las personas que han protegido - diplomáticos, políticos y personal de reconstrucción- ha muerto o sufrido heridas graves, mientras que Blackwater ha perdido a 28 de sus empleados y centenares quedaron heridos. En su declaración, Prince utilizó el mismo lenguaje que los republicanos más partidarios de la guerra. Habló del enemigo sin matices, como los bad guys (tipos malos) que intentan matar a todas horas a los estadounidenses.

El presidente de Blackwater se enorgulleció de que en las diversas instalaciones con que cuentan en EE. UU. se adiestran cada día 500 miembros del ejército o de otras agencias de seguridad. Prince se refugió en la estricta definición del diccionario y negó que a sus hombres se les pueda calificar de mercenarios, pues no son soldados de fortuna al servicio de un gobierno. Salvo algunos empleados latinoamericanos, son “estadounidenses trabajando para estadounidenses”.

El severo examen a Blackwater tuvo lugar en el comité de supervisión y reforma del Gobierno de la Cámara de Representantes, que dirige el demócrata californiano Henry Waxman. Este congresista es conocido por su celo fiscalizador hacia la Administración Bush. Sus investigaciones son muy temidas por los republicanos. “La privatización está funcionando excepcionalmente bien para Blackwater - ironizó ayer Waxman-. La cuestión aquí es si la subcontratación a Blackwater es un buen negocio para el contribuyente estadounidense, si es un buen negocio para nuestro ejército y si sirve nuestros intereses nacionales en Iraq”.

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