Irán acusa a EEUU de espionaje.
Teherán ha tenido fácil dar otra vuelta de tuerca a su enfrentamiento con Washington. Días después de que se hiciera público el informe de los servicios secretos de EEUU en el que se afirma que Irán detuvo su programa nuclear militar en el 2003, el ministro de Exteriores iraní, Manoudhehr Mottaki, acusó ayer directamente a Washington de espionaje y pidió explicaciones sobre cómo consiguió la información para elaborar el documento.
En una carta enviada a la embajada suiza en Teherán, que representa los intereses estadounidenses en Irán ante la falta de representación diplomática de Washington en el país, Mottaki recuerda que es el propio informe estadounidense el que explica que la información se consiguió “a través de satélites y actividades de espionaje”.
EN EL PUNTO DE MIRA.
Desde que se conoció el informe, los líderes estadounidenses han intentado minimizar su repercursión. Y si el martes fue el presidente, George Bush, el que se mostró “convencido de que Irán sigue representando un peligro”, este fin de semana ha sido el secretario de Defensa, Robert Gates, quien ha insistido en mantener a Teherán en el punto de mira.
Gates participa en Bahréin en una conferencia de seguridad de países del Golfo Pérsico –de la que Irán se retiró en el último momento– y ayer pidió a esos países que exijan a Teherán transparencia sobre sus planes nucleares.
El dirigente estadounidense instó también a los países del Golfo a establecer un sistema de alerta antimisiles. En un duro discurso, aseguró que “las desestabilizadoras políticas iranís son una amenaza para EEUU, los países de Oriente Próximo y todos los países que están en el área de alcance de los misiles balísticos que Irán está desarrollando”.